El diario de Raskolnikov
El diario de Raskolnikov 16 de junio.
Anteayer empecé mis anotaciones, y estuve trabajando en ellas cuatro horas. Será un documento, un ajuste de cuentas...
Nadie descubrirá estas hojas. El alféizar de mi ventana puede levantarse, sin que nadie lo sospeche; así ocurre desde hace bastante tiempo, y hace mucho que yo le descubrí. En caso necesario, se le puede quitar y volver a poner, sin que nadie lo note. En ese escondrijo lo he guardado todo. He quitado dos ladrillos, para dejar un hueco más grande...
Si hubiera yo empezado mis anotaciones el 10, el día siguiente al 91, no habría estado en situación de escribir nada, pues me habría sido imposible acordarme de la menor cosa, Todo parecía girar en torno mío, y en ese estado he pasado tres días enteros. Hoy todo lo veo claro, y todos los detalles vuelven con absoluta lucidez a mi conciencia.
Nastasia acababa de venir para traerme la sopa de coles. Durante el día no había tenido tiempo para ello, sobre todo habida cuenta de que era preciso que no se enterase la patrona. Yo comí y le devolví el plato. Nastasia no me dijo nada; parecía como si por alguna razón estuviese descontenta.
