El eterno marido
El eterno marido Sentado sobre la cama, obsesionado por pensamientos sombríos que se atropellaban desordenadamente en su cerebro, no sentía, no veía con claridad más que una cosa: que, a pesar de la sacudida que le había ocasionado la noticia, se sentía completamente tranquilo a la idea de que aquella mujer había muerto. «¿No tendré para ella ni un recuerdo de cariño?», se preguntó, alarmado.