El idiota
El idiota —Veo que está usted preparado, vestido para salir y con el sombrero al alcance de la mano. ¿Quién le ha prevenido? ¿Hipólito?
—Sà —balbució el prÃncipe, más muerto que vivo—. Me indicó…
—Vamos. Ya sabe usted que preciso su compañÃa. Supongo que estará en condiciones de salir…
—SÃ, pero ¿es posible…?
Se interrumpió y no supo decir más. No hizo nuevas tentativas para convencer a la insensata joven y la siguió como un esclavo. Pese a la confusión de sus ideas el prÃncipe comprendÃa que, de no acompañarla, ella acudirÃa sola a la cita, y por consecuencia su deber consistÃa en ir con ella. No osó luchar contra una decisión que juzgaba irrevocable. Apenas cambiaron una palabra mientras andaban. Michkin advirtió que su compañera conocÃa bien el camino. Cuando le proponÃa seguir una calle menos frecuentada, ella respondÃa con sequedad: «No importa».