El idiota
El idiota El príncipe abandonó el salón y se retiró a su cuarto, donde Kolia acudió a consolarle. El pobre muchacho, ahora, parecía incapaz de separarse de Michkin.
—Ha hecho usted bien en irse de la sala —dijo—. Ahora la cosa se va a poner más agria todavía. Esta es nuestra existencia diaria. ¡Y todo por culpa de esa Nastasia Filipovna!
—Veo que aquí tienen ustedes bastantes penas, Kolia —dijo Michkin.
—Sí, muchas. Pero no merece la pena hablar de nosotros. Si sufrimos es por nuestra culpa. En cambio, yo tengo un íntimo amigo… ¡y ése sí que es desgraciado! ¿Quiere usted que se lo presente?
—Con mucho gusto. ¿Es algún camarada suyo?
—Sí, casi un camarada. Ya se lo explicaré todo más adelante. Dígame: ¿qué le parece Nastasia Filipovna? ¿Verdad que es muy hermosa? Yo no la había visto nunca, y no por falta de ganas. Y me ha deslumbrado. Si Gania se casase con ella por amor, se lo perdonaría, pero ¡qué haya de recibir dinero! ¡Eso es deplorable!
—No simpatizo mucho con su hermano.
