El idiota
El idiota —De que Nastasia Filipovna no pueda dejar de casarse con usted. Su seguridad de que el asunto es cosa arreglada. Y aun admitiendo que se case con ella, me sorprende verle tan seguro de recibir los setenta y cinco mil rublos. Desde luego hay en este caso muchos detalles que ignoro…
Gania, con un brusco movimiento, se acercó a Michkin.
—Claro: no lo sabe usted todo —dijo—. ¿Por qué habÃa de resignarme yo a esa carga de no mediar dinero?
—Me parece que casos asà se producen con mucha frecuencia: uno se casa por interés y el dinero queda en manos de la esposa.
—En este caso, no… Aquà median… median circunstancias especiales —repuso Gania, tomándose pensativo y preocupado—. Y en cuanto a la contestación de ella no hay duda alguna —se apresuró a añadir—: ¿De qué saca usted en limpio que puede negarme su mano?
—No sé sino lo que he visto. También Bárbara Ardalionovna le ha manifestado hace un momento…