El idiota
El idiota —Usted decÃa que no existen más que usureros. Vea, sin embargo, que hay también personas de carácter vigoroso: su madre y Varia. Socorrer al prójimo en tales condiciones, ¿no es acaso una prueba de fuerza moral?
—Varia obra asà por amor propio, por ostentación, por no ser menos que mi madre. En cuanto a mamá… sÃ, realmente, mamá merece respeto por ello. La apruebo y estimo su conducta en lo que vale. El mismo Hipólito lo reconoce por muy endurecido que tenga el corazón. Al principio se burlaba diciendo que eso era una bajeza por parte de mamá, pero ahora hay veces en que se siente realmente enternecido. ¡Hum! ¿Llama usted a eso fuerza moral? Lo tendré en cuenta. Gania no cree lo que usted. DirÃa que eso es favorecer el vicio.
—¿Gania no cree lo que yo? Parece que hay varias cosas que Gania no cree —dejó escapar Michkin, que habÃa quedado pensativo oyendo la última frase de Kolia.
—Usted, prÃncipe, me agrada mucho. No se me va de la cabeza el modo que ha tenido de proceder antes.
—También usted me es muy simpático, Kolia.
—DÃgame: ¿qué propósitos tiene para en adelante? Yo pienso buscar pronto ocupación y ganar algo. Si quiere, podemos vivir los tres juntos, usted, Hipólito y yo. Alquilaremos un piso y nos llevaremos a mi padre con nosotros.