El idiota
El idiota Rogochin comprendió al fin lo que sucedía. En su semblante se pintó un sufrimiento indecible. Exhaló un gemido y se golpeó las manos.
—¡Renuncia! —gritó a Michkin.
Aquello provocó la hilaridad de todos.
—Quieres que renuncie en tu favor, ¿eh? —dijo con abrumador desdén Daría Alexievna—. ¡Miren a este aldeano, que ha venido a arrojar su dinero en la mesa! El príncipe se casará y tú habrás recibido un buen revolcón.
—También yo me casaré; quiero casarme en el acto. Daré todo lo que tengo…
—Tú sales de la taberna y estás borracho. ¡Debíamos plantarte en la puerta! —contestó Daría Alexievna, indignada.
Las risas aumentaron.
—¿Qué te parece, príncipe? —dijo Nastasia Filipovna a Michkin ¡Ahí tienes a un aldeano queriendo comprar a tu futura!
—Está ebrio —observó el príncipe—, y además la quiere mucho.
—¿Y no te avergonzará después haberte casado con una mujer que ha estado a punto de ser de Rogochin?
—Cuando usted dijo eso, tenía el cerebro turbado por la fiebre. Todavía está agitada —contestó el príncipe.