El idiota
El idiota La casa que Lebediev ocupaba en Pavlovsk no era muy grande, pero sí linda y cómoda. La parte destinada a alquiler había sido recientemente decorada. En la terraza, bastante amplia, que se extendía ante el edificio, había varios naranjos, limoneros y jazmines plantados en grandes macetas de madera verde, que, en opinión de Lebediev, daban al lugar un aspecto fascinador. Algunas de las macetas estaban ya en la terraza cuando él adquirió la casa y, encantado del efecto que producían, se apresuró a comprar otras del mismo estilo para unirlas a las primeras. Una vez colocadas todas en su debido lugar, Lebediev salió repetidamente a la calle para apreciar la vista que ofrecían, y a cada salida resolvía para sí aumentar la suma que pensaba pedir al futuro inquilino.
