El idiota
El idiota Pero casi todo esto es superfluo. En realidad sólo me propongo decir algunas palabras explicatorias acerca de nuestros amigos, los Epanchin. Esta familia, o al menos los miembros más reflexivos de ella, sufrían perennemente al notar en su carácter una peculiaridad común a todos ellos: su absoluta oposición a las virtudes que hemos examinado en los párrafos anteriores. Aunque no apreciasen claramente el hecho, a causa de que es difícil apreciarlo en uno mismo, no dejaban de sospechar a veces que las cosas no marchaban en su casa como en las demás. Mientras todos sus conocidos llevaban una existencia apacible, rutinaria, uniforme, la de los Epanchin estaba pletórica de turbulencias; mientras todos corrían como sobre rieles, ellos estaban siempre descarrilados. En otras casas todos eran correctamente discretos; pero en la suya, no. Tal vez fuese Lisaveta Prokofievna la única que hiciera tan ingratas observaciones, ya que las muchachas, a las que no les faltaba, de cierto, penetración ni causticidad, eran jóvenes aún, y el general tenía una mente perspicaz, si bien un tanto tortuosa. En los casos difíciles que se presentaban en su vida familiar solía contentarse con decir: «Hum…», dejando la solución de los problemas a su mujer. A ella, pues, le incumbía también la responsabilidad, y no era que aquella familia se distinguiese por iniciativa particular alguna, ni que sus contratiempos tuviesen por causa una tendencia consciente a la originalidad, lo que hubiera sido muy incorrecto. No, en su proceder no existía meditación, y, pese a ello, la familia Epanchin, aunque estimada, no era en absoluto lo que debe ser una familia rodeada de la consideración social. Hacía tiempo que había arraigado en la cabeza de la generala la idea de que todo dependía de ella y de su «desgraciado» carácter, convicción que aumentaba su disgusto. Maldecía, pues, sin cesar su excentricidad «estúpida e inconveniente», y siempre inquieta, siempre alerta, en espera de imaginarias complicaciones, viviendo en perenne perplejidad, no sabía cómo proceder en los asuntos más comunes de la vida.