El idiota
El idiota —El prÃncipe ha sido formalmente aceptado como novio oficial. Es cosa concluida. Me lo han dicho las hermanas mayores. Aglaya ha dado su consentimiento. Hasta ahora andaban con misterios, pero ya han renunciado a las ocultaciones. El casamiento de Adelaida se ha retardado para que las dos bodas se celebren a la vez. Muy poético, ¿verdad? En lugar de correr por la sala como un loco, valdrÃa más que redactases un epitalamio. La princesa Bielokonsky va a visitarlos esta noche. Ha llegado muy a punto. También habrá más personas. Presentarán el prometido a la princesa, aunque ya se conocen. Parece que se quiere dar cierta solemnidad a esa presentación… El único temor que existe es que, al entrar en el salón, el apuesto novio rompa alguna cosa o mida el suelo con las espaldas. Cosas asà son muy corrientes en él.
Gania escuchaba muy atentamente. Con gran sorpresa de Varia, aquella noticia, que destruÃa las esperanzas del joven, no le causó ninguna emoción aparente.
—Está claro —dijo, tras un instante de reflexión—. Es cosa concluida, naturalmente.
Y sonrió de un modo extraño. Miró a su hermana con expresión reticente y reanudó, con más calma, sus paseos por la habitación.
—Celebro mucho que tomes con filosofÃa lo ocurrido —observó Varia.
—Una preocupación menos. Sobre todo para ti.