El idiota
El idiota Hacía cinco días que Hipólito se había trasladado a casa de Ptitzin. Ello se produjo naturalmente, sin explicaciones, sin disputas entre Michkin y su huésped, y la separación, al menos en apariencia, fue amistosa. Gabriel Ardalionovich, tan mal dispuesto hacia Hipólito el día del cumpleaños del príncipe, había ido a visitar al muchacho por la mañana, sin duda obedeciendo a una súbita inspiración. También Rogochin visitó al enfermo. Al principio, el propio Michkin opinó que valía más para Hipólito el trasladarse. Cuando Hipólito se marchó de casa del príncipe, hizo saber que iba a aprovechar la amable oferta de Ptitzin y no mencionó a Gania para nada, aun cuando había sido éste quien insistiera en que su cuñado le admitiese. Gania consideró la omisión harto extraña para no ser intencionada y se sintió muy ofendido. No había faltado a la verdad al hablar a su hermana del alivio del doliente. Hipólito, en efecto, parecía mejor que antes. Bastaba una mirada para notarlo.
