El Jugador
El Jugador
Lancé una exclamación de sorpresa.
—¿Qué le pasa? —preguntó ella, en un tono extraño.
Estaba pálida y abatida.
—¿Cómo que qué me pasa? ¡Usted aquÃ, en mi cuarto!
—SÃ, aquà estoy. Cuando vengo, vengo yo misma, toda entera. Es mi costumbre. Usted va a verlo. Encienda la bujÃa.
EncendÃ. Ella se puso en pie. Se acercó a la mesa y puso ante mà una carta abierta.
—¡Lea! —ordenó.
—Es… letra de Des Grieux —dije, tomando la carta.
Mis manos temblaban y los renglones danzaban ante mis ojos. He olvidado los términos exactos de la misiva, pero hela aquÃ, si no palabra por palabra, al menos idea por idea:
“Mademoiselle —escribÃa Des Grieux—, circunstancias desagradables me obligan a partir inmediatamente.
