El Jugador
El Jugador
Ayer, sin embargo, Paulina no volvió a hablarme del juego. Evitó durante todo el día dirigirme la palabra.
Su modo anterior de conducirse conmigo no había cambiado.
Cuando nos encontramos sigue tratándome con absoluta indiferencia, a la que añade incluso un desdén hostil. No intenta, lo veo claramente, disimular su aversión hacia mí. Por otra parte, tampoco oculta que le soy necesario y que me tiene como reserva para otras ocasiones propicias.
Una relación extraña se ha establecido entre nosotros. No me lo explico, dada la arrogancia y el orgullo con que trata a todo el mundo.
Sabe, por ejemplo, que yo la amo con locura, y me permite, incluso, hablarle de mi pasión, francamente, sin trabas. No podía demostrarme mejor su desdén con este permiso: “Ya ves, hago tan poco caso de tus sentimientos, que todo lo que puedas decirme o experimentar me tiene absolutamente sin cuidado.”
