El Jugador
El Jugador Aquí, entre nosotros, dicen que es una francesa distinguida, a la que acompaña su madre, una dama muy rica. Se sabe también que es una prima lejana de nuestro marqués. Parece ser que antes de mi viaje a París el francés y la señorita Blanche habían tenido relaciones mucho más ceremoniosas, vivían en un plan más reservado. Ahora su amistad y su parentesco se manifiestan de una manera más atrevida, más íntima. Quizá nuestros asuntos les parecen en tan mal estado que juzgan inútil hacer cumplidos y disimular. Noté anteayer que Mr. Astley hablaba con la señorita Blanche y su madre como si las conociera. Me parece también que el francés se había entrevistado con anterioridad con Mr. Astley.
Por otra parte, Mr. Astley es tan tímido, tan púdico, tan discreto, que verdaderamente se puede fiar de él. No sacará, seguramente, la ropa sucia. El francés apenas le saluda ni le mira, lo que quiere decir que no le teme.
Esto es todavía comprensible, pero ¿por qué la señorita Blanche tampoco le concede ninguna importancia?
Hay que tener en cuenta que el marqués se traicionó ayer diciendo durante la conversación, no sé con motivo de qué, que Mr. Astley era colosalmente rico y que él lo sabía. Era, pues, la ocasión para que la señorita Blanche le mirase.