El Jugador
El Jugador
Han transcurrido dos dÃas desde aquella estúpida jornada. ¡Cuántos gritos, cuánto ruido, cuánta agitación!
Y yo soy la única causa de este desorden, de todo ese revuelo ridÃculo. Sin embargo, a veces resulta divertido… Para mà al menos. No puedo darme cuenta de lo que ocurre: si es que atravieso realmente por una crisis de agitación o si, simplemente, estoy descarrilado y desorientado en espera de que me aten. Algunas veces me parece que pierdo la razón, a veces también que apenas he salido de la infancia y de la escuela y que hago travesuras, como los niños.
¡De todo eso tiene la culpa Paulina! Sin ella, tal vez no hubiese hecho tales chiquilladas. Quién sabe, tal vez sea la desesperación lo que me ha empujado —por absurdo que parezca este razonamiento.
