La mansa
La mansa Lukeria acaba de anunciarme que no se quedará en mi casa y que, en cuanto entierren a la señora, se marchará. Recé de rodillas por espacio de cinco minutos; tenÃa intención de rezar una hora entera, pero no hacÃa más que pensar y pensar; y siempre esas ideas morbosas, ese dolor de cabeza… ¿cómo se puede rezar asÃ? ¡Hasta serÃa pecado! También es extraño que no tenga ganas de dormir: cuando se sufre una enorme desgracia, una desgracia apenas soportable, pasados los primeros y más fuertes arrebatos, siempre se tienen ganas de dormir. Según dicen, los condenados a muerte duermen a pierna suelta la última noche. Asà debe ser, asà lo quiere la naturaleza; de otro modo, no alcanzarÃan las fuerzas… Me tumbé en el diván, pero no logré conciliar el sueño…
