Los demonios

Los demonios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Para otras cosas había que recurrir a Kiríllov. Cuando Shátov ya se disponía a bajar, ella empezó enseguida a llamarlo frenéticamente y solo se calmó cuando Shátov, regresando a toda prisa de la escalera, le explicó que apenas estaría fuera un minuto, para hacerse con lo más necesario, y que volvería enseguida.

—Caray, señora, sí que es usted difícil de complacer —Arina Prójorovna se rió—; tan pronto lo pone usted de cara a la pared y le dice que no se atreva a mirarla como al momento siguiente se echa usted a llorar si se aleja un minuto. No sé lo que va a pensar él. Vamos, vamos, no sea tonta, no se enfade, solo es una broma.

—Él no tiene por qué pensar nada.

—Bah, bah, bah, si no estuviera enamorado de usted como un carnero, no habría ido corriendo por las calles con la lengua fuera, alborotando a todos los perros de la ciudad. Me ha roto el marco de la ventana.

V

Shátov encontró a Kiríllov paseando de un lado a otro de su cuarto; estaba tan distraído que hasta se había olvidado de la llegada de su mujer: le escuchó sin entender.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker