Los demonios
Los demonios Era nada menos que Varvara Petrovna, llegada en un coche de cuatro plazas tirado por cuatro caballos, con dos lacayos y con Daria Pávlovna. El milagro había ocurrido del modo más simple: una vez en la ciudad, Anísim, muerto de curiosidad, se acercó el segundo día a casa de Varvara Petrovna, y se dedicó a parlotear con los criados, contándoles que se había encontrado con Stepán Trofímovich solo, en una aldea, que unos campesinos lo habían visto andando solo por la carretera, y que se dirigía a Spásov, pasando por Ústievo, en compañía de Sofia Matvéievna. Como Varvara Petrovna estaba ya terriblemente preocupada y había removido cielo y tierra para encontrar a su amigo desaparecido, le comunicaron de inmediato lo de Anísim. Después de haberle escuchado y, sobre todo, después de haber oído los detalles de la partida para Ústievo en compañía de una tal Sofia Matvéievna, con la que viajaba en la misma brichka, se preparó de inmediato y, siguiendo las huellas aún recientes, se presentó ella misma en Ústievo.
Su voz severa e imperiosa se oyó por toda la casa; los propios dueños se asustaron. Había hecho una parada sin más propósito que el de recabar información, convencida de que Stepán Trofímovich llevaría ya bastante tiempo en Spásov; pero al enterarse de que estaba allí mismo, y además enfermo, entró nerviosa en la isba.
