Los demonios
Los demonios Stavroguin las cogió de la mesa, se las dio y se recostó en el respaldo del diván. Tijon se concentró en la lectura.
En efecto, era una impresión hecha en el extranjero: tres pliegos de papel corriente de cartas, de pequeño tamaño, impresos y encuadernados. Debían de haberse imprimido clandestinamente en alguna tipografía rusa del extranjero y, a primera vista, tenían todo el aspecto de un panfleto político. El encabezamiento rezaba: «De Stavroguin».
Reproduzco este documento al pie de la letra en mi crónica. Me he permitido corregir la ortografía porque las faltas son muy numerosas, algo que me ha sorprendido un tanto considerando que, al fin y al cabo, el autor era un hombre educado e incluso leído (hasta cierto punto, desde luego). En cuanto al estilo, sin embargo, no he introducido cambios, a pesar de sus irregularidades. Salta a la vista, sin duda, que el autor no era un literato.
De Stavroguin.
