Los demonios

Los demonios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

IV

Una vez, cuando apenas empezaban a oírse los primeros rumores sobre la emancipación de los siervos, en un momento en que toda Rusia de pronto estaba exultante y se preparaba para una completa regeneración, Varvara Petrovna recibió la visita de un barón de San Petersburgo que estaba de paso en nuestra provincia, un hombre con contactos en las más altas esferas y estrechamente vinculado al proceso de reforma. Varvara Petrovna apreciaba mucho esa clase de visitas, ya que tras la muerte de su marido sus contactos con la alta sociedad habían ido languideciendo, hasta desaparecer por completo. El barón estuvo una hora en su casa, tomando té con ella. Nadie más estaba presente, excepto Stepán Trofímovich, a quien Varvara Petrovna había invitado y pretendía exhibir. El barón ya había oído hablar de él, o al menos eso fue lo que hizo creer, pero durante el té apenas le dirigió la palabra. Stepán Trofímovich, desde luego, estuvo a la altura de las circunstancias, pues era un hombre de exquisitos modales. Aunque parece que procedía de una familia bastante humilde, lo cierto es que se había criado desde su más tierna infancia en una de las casas más distinguidas de Moscú y, por tanto, su educación era irreprochable; hablaba francés como un parisino. De ese modo el barón no tendría más remedio que darse cuenta, desde el primer momento, de la clase de personas de las que se rodeaba Varvara Petrovna, a pesar de su aislamiento provinciano. Sin embargo, las cosas no salieron como ella esperaba. Cuando el barón confirmó sin ambages la completa veracidad de los primeros rumores sobre la grandiosa reforma, que por entonces comenzaban a extenderse, Stepán Trofímovich fue incapaz de contenerse y gritó de repente: «¡Hurra!», y hasta hizo un gesto con la mano con el que expresó su entusiasmo. Gritó con moderación y hasta con cierto decoro; es posible incluso que su entusiasmo fuera premeditado, y que el gesto lo hubiera ensayado delante del espejo, media hora antes de acudir a tomar el té; pero algo no debió de salirle bien, porque el barón se permitió una ligera sonrisa, aunque de inmediato, con inusitada cortesía, dejó caer una frase sobre la emoción universal que embargaba, de manera muy oportuna, a todos los corazones rusos ante aquel magno acontecimiento. Poco después se marchó, y no se olvidó en el momento de su partida de tenderle dos dedos a Stepán Trofímovich. De vuelta en la sala de estar, Varvara Petrovna estuvo dos o tres minutos callada, haciendo como si buscara algo en una mesa; pero de pronto se volvió hacia Stepán Trofímovich y, pálida, con los ojos brillantes, le susurró:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker