Los demonios
Los demonios Mejor dicho, allí no hablaba nadie: todo el mundo gritaba. Ya no recuerdo muy bien en qué orden se sucedieron los acontecimientos, porque lo que siguió fue tremendamente confuso. Stepán Trofímovich exclamó no sé qué en francés y se llevó las manos a la cabeza, pero Varvara Petrovna no estaba para ocuparse de él. Hasta Mavriki Nikoláievich balbuceó algo apresuradamente. Pero el más nervioso de todos era Piotr Stepánovich; intentaba desesperadamente convencer de algo a Varvara Petrovna, haciendo grandes aspavientos. Durante mucho tiempo no conseguí entender una palabra. Piotr Stepánovich interpelaba tanto a Praskovia Ivánovna como a Lizaveta Nikoláievna, incluso, en su excitación, le gritó algo de pasada a su padre; en resumidas cuentas, no paraba de dar vueltas por la sala. Varvara Petrovna, roja de ira, saltó de su asiento y le gritó a Praskovia Ivánovna: «Pero ¿tú has oído lo que le acaba de decir?». Pero Praskovia Ivánovna no atinaba a responder, limitándose a murmurar y a gesticular. Bastantes preocupaciones tenía ya con Liza: cada dos por tres se giraba hacia la muchacha y la miraba con un terror indescriptible, y ni se le pasaba por la cabeza la posibilidad de levantarse e irse antes de que lo hiciera su hija. A todo esto, me fijé en que el capitán estaba decidido a escurrir el bulto. No cabía duda de que, desde el momento mismo en que había aparecido Nikolái Vsévolodovich, era presa del pánico; sin embargo, Piotr Stepánovich lo tenía cogido del brazo y le impedía escapar.
