Los demonios
Los demonios Por desgracia, debo acelerar mi relato y no puedo detenerme en descripciones, pero es imprescindible precisar algunas cosas. Mavriki Nikoláievich parecía triste y preocupado. Kiríllov, en cambio, estaba totalmente tranquilo e indiferente, muy concentrado en los detalles de la obligación contraída, pero sin ningún nerviosismo y sin sentir apenas curiosidad por el fatal y ya inminente desenlace del caso. Nikolái Vsévolodovich estaba más pálido que de costumbre, vestido con ropas bastante ligeras, con un abrigo y un mullido sombrero blanco. Se le veía muy cansado, fruncía el ceño de vez en cuando y no consideraba necesario disimular su mal humor. Pero el que llamaba más la atención en aquellos momentos era Artemi Pávlovich, así que es imposible dejar de decir algunas palabras sobre él en particular.
Aún no hemos tenido ocasión de describir su apariencia. Era un hombre alto, blanco de tez, bien alimentado, como dice la gente del pueblo, más bien grueso, con cabellos ralos y muy rubios; tenía unos treinta años y sus rasgos, podría decirse, eran bastante agradables. Se había retirado con el grado de coronel y, de haber seguido en activo hasta llegar a general, su aspecto habría sido aún más imponente y posiblemente habría resultado un buen general en la batalla.
