Los demonios

Los demonios

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Por fin Nikolái Vsévolodovich se estremeció, miró a Gagánov, se dio la vuelta y, esta vez ya sin ningún miramiento, disparó hacia un lado, en dirección al bosquecillo. El duelo había concluido. Gagánov parecía como abrumado. Mavriki Nikoláievich se acercó hasta él y empezó a decirle algo, pero Gagánov daba la sensación de no estar entendiendo. Kiríllov, al marcharse, se quitó el sombrero y saludó con la cabeza a Mavriki Nikoláievich. Sin embargo, Nikolái Vsévolodovich había olvidado su cortesía anterior; tras disparar al bosque, ni siquiera regresó hacia la barrera: le entregó su pistola a Kiríllov y se dirigió apresuradamente hacia donde estaban los caballos. La irritación se reflejaba en su rostro; marchaba en silencio. También Kiríllov iba en silencio. Montaron en los caballos y partieron al galope.

III

—¿Por qué no dice nada? —Nikolái Vsévolodovich llamó impaciente a Kiríllov cuando ya estaban cerca de casa.

—¿Qué quiere? —respondió Kiríllov, casi resbalando del caballo, que se había encabritado.

Stavroguin se detuvo.

—No pretendía ofender a ese… idiota, y he vuelto a ofenderlo —dijo con calma.

—Sí, ha vuelto a ofenderlo —sentenció Kiríllov—, y además no es ningún idiota.


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