Los demonios
Los demonios —También ha ido usted a ver a Shátov… y quiere hacer público lo de Maria Timoféievna. —Piotr Stepánovich fue corriendo tras él y, como por descuido, lo agarró del hombro.
De pronto, Nikolái Vsévolodovich se sacudió de encima su mano y se volvió bruscamente hacia él, con una mueca amenazante. Piotr Stepánovich lo miró con una sonrisa extraña y prolongada. Todo ocurrió en un instante. Nikolái Vsévolodovich siguió su camino.
De casa de Varvara Petrovna fue derecho a la de su padre; sus prisas obedecÃan exclusivamente a sus ansias de venganza por una vieja ofensa de la que yo por entonces no tenÃa noticia. El caso es que en su última visita, concretamente el jueves de la semana anterior, Stepán TrofÃmovich —habÃa sido él, por cierto, el que habÃa empezado la discusión— habÃa acabado echando a Piotr Stepánovich de su casa, amenazándolo con el bastón. En su momento me ocultó este hecho; pero, cuando irrumpió Piotr Stepánovich con su sempiterna sonrisa, tan ingenuamente condescendiente, y con sus ojos desagradablemente inquisitivos que escudriñaban por todos los rincones, me hizo enseguida una señal discreta para que no abandonara la sala. De ese modo quedaron expuestas ante mà sus verdaderas relaciones, pues en esta ocasión pude escuchar toda la conversación.
