Los demonios
Los demonios —Empezará a principios de mayo, y para el dĂa del Manto[231] todo habrá terminado —dijo de pronto Piotr Stepánovich.
—Se lo agradezco muy sinceramente —dijo KarmazĂnov con voz conmovida, apretándole las manos.
«¡Ya tendrás tiempo, rata, de abandonar el barco! —iba pensando Piotr Stepánovich al salir a la calle—. Ahora bien, si este “talento casi nacional” pregunta con tanta seguridad por el dĂa y la hora, y me agradece tan respetuosamente la informaciĂłn recibida, nosotros no tenemos por quĂ© dudar. —Se sonrió—. Hum. Al fin y al cabo, no tiene un pelo de tonto… no es más que una rata dispuesta a emigrar; ¡alguien asĂ no te delata!».
CorriĂł a la calle BogoiavlĂ©nskaia, a casa de FilĂppov.
Piotr Stepánovich entrĂł primero a ver a KirĂllov. Estaba solo, como de costumbre, y esta vez estaba haciendo gimnasia en medio de la habitaciĂłn, esto es, separando las piernas, hacĂa girar los brazos por encima de la cabeza de un modo peculiar. HabĂa una pelota en el suelo. Encima de la mesa, aĂşn sin recoger, estaba el tĂ© de la mañana, ya frĂo. Piotr Stepánovich aguardĂł como un minuto en el umbral.
