Los demonios
Los demonios Nuestro príncipe estuvo más de tres años viajando, así que en la ciudad prácticamente nos olvidamos de él. Sabíamos, no obstante, a través de Stepán Trofímovich, que había recorrido toda Europa, que había estado incluso en Egipto y había visitado Jerusalén; después se había unido a una expedición científica a Islandia y, de hecho, había pasado allí una temporada. También se decía que durante un invierno había acudido a clase en una universidad alemana. Apenas escribía a su madre, un par de veces al año o puede que menos, pero Varvara Petrovna no se enfadaba ni se lo tomaba a mal. Una vez fijadas así las relaciones con su hijo, ella había aceptado la situación sin una queja y con humildad, si bien, como es natural, en esos tres años siempre estuvo inquieta por su Nicolas, lo echaba de menos y no dejaba de soñar con él. Pero sus sueños y sus lamentos se los guardaba para sí. Parecía incluso algo más distante con Stepán Trofímovich. Debía de estar tramando algunos planes por su cuenta, y daba la impresión de haberse vuelto más tacaña que antes: le dio por ahorrar con más ahínco y se enojaba con las pérdidas en el juego de Stepán Trofímovich.
