Los demonios

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III

En primer lugar, todos los ocupantes de los tres carruajes entraron a la vez, atropelladamente, en el recibidor. Había una entrada separada a los aposentos de Yulia Mijáilovna, directamente desde el porche, a mano izquierda; pero esta vez pasaron todos por la sala; sospecho que fue precisamente porque allí estaba Stepán Trofímovich y porque todo lo que le había ocurrido, al igual que todo lo relativo a los obreros de los Shpigulin, ya había sido puesto en conocimiento de Yulia Mijáilovna a su regreso a la ciudad. Liamshin, a quien habían dejado en casa por algún desliz y no había tomado parte en la excursión, se había enterado de todo antes que nadie, y por eso había tenido ocasión de darle la noticia el primero. Con malicioso júbilo había salido al galope, en un matalón cosaco de alquiler, por la carretera de Skvoréshniki, portando las alegres nuevas, al encuentro de la cabalgata que andaba de regreso. Pienso que Yulia Mijáilovna, a pesar de su indudable arrojo, se quedó algo desconcertada al oír novedades tan sorprendentes, aunque es muy probable que fuera algo pasajero. El lado político del asunto, por ejemplo, apenas tenía por qué inquietarla: Piotr Stepánovich le había hecho ver hasta en cuatro ocasiones que a los alborotadores de la fábrica de los Shpigulin había que azotarlos a todos, y desde hacía algún tiempo Piotr Stepánovich se había convertido para ella, de hecho, en una autoridad incuestionable. «Pero… de todos modos, ésta me la paga», debía de pensar para sí, refiriéndose, como es natural, a su marido. Señalaré de paso que en esta ocasión, como hecho a propósito, Piotr Stepánovich tampoco había tomado parte en la excursión general, y que nadie lo había visto por ninguna parte desde primera hora de la mañana. También dejaré constancia de que, después de recibir a los visitantes, Varvara Petrovna regresó con ellos a la ciudad (en el mismo coche en el que iba Yulia Mijáilovna), con el propósito de asistir a la última sesión del comité responsable de los festejos del día siguiente. A ella también, lógicamente, debieron de interesarle las noticias aportadas por Liamshin relativas a Stepán Trofímovich, y hasta es posible que se quedara preocupada.


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