Los demonios

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Yo diría incluso que hacia el final de sus días todo el mundo, y en todas partes, acabó olvidándose de él, pero eso no significa que anteriormente fuera un desconocido. Es indudable que en una época formó parte de la famosa pléyade de las más ilustres personalidades de la generación precedente, y en un tiempo —a decir verdad, solo por un brevísimo instante— muchos se lanzaban a pronunciar su nombre casi a la par de los de Chaadáiev[4], Belinski[5], Granovski[6] o Herzen[7], que por entonces empezaba a despuntar en el extranjero. Pero la actividad de Stepán Trofímovich concluyó casi en el mismo instante en que había comenzado, en medio de un «torbellino de circunstancias concurrentes», por así decir. ¡Quién lo diría! Más tarde se ha podido ver que, al menos a este respecto, no solo no existió tal «torbellino», sino tales «circunstancias» siquiera. Solo muy recientemente, hace apenas unos días, he llegado a saber, para gran asombro mío, pero de manera inequívoca, que Stepán Trofímovich no estuvo residiendo entre nosotros, en nuestra provincia, en calidad de desterrado, como pensaba todo el mundo, sino que ni siquiera estuvo nunca sometido a vigilancia policial. ¡He aquí una prueba de la tremenda fuerza de la imaginación! Él mismo creyó sinceramente toda su vida que en determinadas esferas recelaron siempre de él, que en todo momento vigilaban y controlaban sus pasos y que los tres gobernadores que se han sucedido en los últimos veinte años en nuestra provincia traían ya, al ocupar el cargo, una idea preconcebida de él, de tintes alarmantes e inspirada por sus superiores en el momento de nombrarlos. Si alguien, presentándole pruebas irrefutables, hubiera demostrado entonces al muy respetable Stepán Trofímovich que no tenía nada que temer, éste se habría sentido necesariamente ofendido. Pero, por lo demás, Stepán Trofímovich era un hombre muy inteligente, un hombre de lo más dotado, podría decirse incluso que era un hombre de ciencia, aunque la verdad es que en lo tocante a las ciencias… en fin, en el campo de las ciencias no es que hubiera hecho mucho, es más, yo diría que no había hecho nada de nada. Pero, por lo que respecta a los hombres de ciencia, eso es algo de lo más normal en esta Rusia nuestra.


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