Los demonios
Los demonios Todos se levantaron. Se decidió que al día siguiente, a mediodía, intercambiarían novedades, aunque no se reunieran todos, y harían entonces los arreglos finales. Se dio a conocer el lugar en el que estaba enterrada la imprenta, se repartieron tareas y obligaciones. De inmediato, Liputin y Piotr Stepánovich se dirigieron juntos a ver a Kiríllov.
Todos los nuestros estaban convencidos de que Shátov iba a delatarlos; pero estaban igualmente convencidos de que Piotr Stepánovich jugaba con ellos como si fueran sus peones. Y, sin embargo, todos sabían que al día siguiente nadie iba a faltar a la cita, y que la suerte de Shátov estaba echada. Sentían que de pronto habían caído como moscas en la telaraña de una araña gigantesca; estaban furiosos, pero temblaban de miedo.
