Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo En estos casos, ni siquiera podÃa echar la culpa a la naturaleza, a esas leyes que me han hecho sufrir tantas vejaciones en el curso de mi existencia. Es penoso acordarse de estas cosas, que, además, eran sumamente penosas en el momento en que ocurrÃan. Pero basta que transcurra un minuto para que me enfurezca al advertir que todo esto es mentira, una mentira innoble, una comedia infame. ¡Esa contrición, ese enternecimiento, esos propósitos de vida nueva!… Ustedes me preguntarán por qué me torturaba, por qué me retorcÃa tan cruelmente. Respuesta: porque me aburrÃa permaneciendo con los brazos cruzados. He aquà por qué me entregaba a semejantes contorsiones. Era esto, se lo aseguro a ustedes. Obsérvense a sà mismos con atención, y comprobarán que las cosas ocurren precisamente asÃ. Yo me imaginaba aventuras y me creaba una existencia fantástica para vivir fuera como fuese. ¡Cuántas veces, por ejemplo, me he enojado sin motivo, sólo por enojarme! Yo era el primero en saber que me irritaba en frÃo, pero que me iba enardeciendo, y llegaba a encolerizarme sinceramente.