Memorias del subsuelo
Memorias del subsuelo Este era el Zverkov al que acababan de desamar a provincias y a quien sus amigos proyectaban dar una cena de despedida. No habÃan interrumpido sus relaciones con él, aún considerándose —estoy seguro— inferiores al oficial.
Uno de los visitantes de Simonov se llamaba Ferfitchkin. Era un ruso de origen alemán, escasa estatura y cara de mono; un necio que se burlaba de todo el mundo y que fue mi peor enemigo en la escuela desde las clases inferiores; un fanfarrón cobarde e insolente que aparentaba el amor propio más susceptible, pero que evidentemente no era más que un miserable. PertenecÃa al grupo de admiradores de Zverkov, que lo adulaba interesadamente, ya que todos le pedÃan con frecuencia dinero prestado.
El otro visitante, Trudoliubov, no tenÃa nada digno de mención. Era militar. Un mocetón alto, rostro frÃo. Aunque honrado, se inclinaba ante el éxito, fuese éste cual fuera, y sólo sabÃa hablar de nombramientos, ascensos, etc. Era pariente lejano de Zverkov, y, por estúpido que esto pueda parecer, ello le conferÃa cierto prestigio a los ojos de sus compañeros. A mà me consideraba como un ser insignificante, pero me trataba de un modo soportable, ya que no cortés.