Noches blancas
Noches blancas —Vaya, ¡si ha sobrevivido! —me dijo ella riendo y estrechándome ambas manos.
—Llevo aquà dos horas, ¡no sabe el dÃa que he pasado!
—Lo sé, lo sé…, pero al grano. ¿Sabe por qué he venido? No a soltar boberÃas como ayer. El caso es que en adelante debemos obrar con más cabeza. Ayer estuve dándole vueltas a todo.
—¿En qué, en qué hay que tener más cabeza? Por mi parte, estoy dispuesto. Pero, la verdad, en mi vida no ha habido nada más sensato que el presente.
—¿En serio? Bueno, en primer lugar le pido que no me apriete tanto las manos y, en segundo, le comunico que he reflexionado mucho sobre usted.
—Bueno, ¿y cómo acabó?

