Pobre gente
Pobre gente Dostoyevskii se habría inspirado para su libro en La capa, de Gógol, novela cuyo patetismo le hizo gran impresión, y a la que alude en cierta página de la suya. Makar Aleksiéyevich, el viejo funcionario paternalmente —¿quién sabe?— enamorado de Várinka, la huérfana, es un trasunto de Akaki Akákievich, protagonista de La capa, que más o menos prestará también sus rasgos a todos esos empleadillos modestos, ridículos y conmovedores, que desfilan por las primeras novelas de Dostoyevskii, y que tienen entre sí un indudable parentesco psicológico. Hasta parecer el mismo individuo en distintas etapas de evolución de un complejo de inferioridad que llega a la manía persecutoria. La locura de Goliadkin, el protagonista de El doble, por ejemplo, está ya en germen en la psicología, al parecer tan plácida, de Makar Aleksiéyevich. También éste se cree vejado, perseguido, humillado. También está obsedido por la idea del sino. «Es el sino —dice—, y contra el sino no hay quien pueda». Al abrírsele las puertas del manicomio, Goliadkin dirá por centésima vez: «¡Ya me lo tenía yo sabido!». (Nótese la raigambre romántica, cristiana y aun evangélica del sino, que en teología es la predestinación). Pobre gente está saturada, en razón de su amor a los humildes, de un humorismo patético y enternecedor, que se da en todas las obras de Dostoyevskii y que desde este momento señalamos. El amor, imperativo social, resalta en esas páginas, en que por boca de Makar Aleksiéyevich nos habla Dostoyevskii, con penetrante emoción, de los mendigos, de las familias miserables, de todo ese dolor que se resume en la frase «pobre gente». Makar Aleksiéyevich, humilde funcionario, protege a Várinka, la huérfana, y reparte su escaso peculio entre los necesitados que le rodean, llevado sencillamente de su corazón efusivo y bueno. La Arcadia evangélica.
