Dejar ir
Dejar ir El ego no solo crea el sufrimiento, sino que se alimenta de él. Se aferra al resentimiento porque encuentra identidad en la historia de haber sido víctima. Se apega al miedo porque le da una sensación de seguridad en la precaución. Justifica la culpa porque le permite castigar al "yo" y a los demás, reforzando su sentido de superioridad o indignación. En lugar de soltar, el ego acumula, argumenta y fortalece su control sobre la mente.
Este mecanismo se vuelve evidente en la forma en que la gente reacciona ante los desafíos. Ante una situación dolorosa, el ego impulsa a resistirse, a luchar o a culpar. No permite que la emoción simplemente sea experimentada y liberada. Siempre busca interpretaciones, historias y explicaciones para mantener viva la emoción. Sin embargo, al hacerlo, lo único que logra es prolongar el sufrimiento.
El apego del ego a las emociones negativas se puede ver en la necesidad de "tener razón". Muchas personas prefieren aferrarse a su dolor antes que soltarlo, porque soltar implicaría renunciar a la historia que han construido alrededor de su sufrimiento. El ego se aferra a la idea de que la injusticia, el fracaso o el rechazo fueron reales, sin darse cuenta de que esa percepción solo existe dentro de su propia mente.