De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Nuestro primer movimiento, al ingresar en ese círculo de llamas, fue echarnos hacia atrás, espantados. Nunca habíamos visto, con gritos semejantes, agitarse tantos quitasoles, tantos abanicos, tantos pañuelos. He aquí el aspecto que presentaba la arena cuando llegamos. Estábamos justo frente a la puerta del toril. El mozo de estoque, que de manos del alguacil acababa de recibir la llave de esa puerta toda empenachada con cintas, avanzaba hacia ella; a la izquierda del toro que iba a salir esperaban encajados en sus monturas árabes, lanza en ristre, los tres picadores. El resto de la cuadrilla, es decir, los chulos, el banderillero y el torero,[29] se encontraban a la derecha, dispersos por la arena, como peones en un tablero de ajedrez.