De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Ahora bien, al partir de Toledo a las seis, llegué a Aranjuez a las dos en punto, es decir, una hora después del paso de la diligencia peninsular en la que creo haberle dicho que teníamos siete lugares reservados. Debíamos pues encontrar otro medio de transporte. Soltamos a Desbarolles por la ciudad, poniendo a su disposición todos los fondos de la compañía. Desbarolles regresó con dos mulas, que al instante se convirtieron en objeto de la ambición general. Echamos a suerte; las mulas recayeron, para las dos primeras leguas, sobre Giraud y Achard. Desbarolles y yo debíamos gozar de nuestras monturas durante la tercera y la cuarta legua; finalmente, Maquet y Boulanger durante las tres últimas. Boulanger se había retirado de las filas declarando su incapacidad para la equitación, y don Riego alegando su carácter de sacerdote.