De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Entre todos sus pasados esplendores, Sevilla, como hemos dicho, sólo conserva tres monumentos: el Alcázar, construido por sus sultanes moros; la catedral, construida por sus reyes católicos y, finalmente, su casa de Pilatos, construida por un particular, un ancestro de los duques de Medina-CÅ“li probablemente. Comencemos por el Alcázar: a todo señor su honra. El Alcázar de los reyes moros no ha conservado ningún recuerdo morisco; es que un hombre ha cruzado el umbral de su puerta, y ha pasado bajo sus bóvedas esculpidas, atrayendo sobre sà mismo todo el pasado, y casi diré todo el porvenir. Este hombre es Pedro el Cruel o, más bien, Pedro el Justiciero. Sevilla todavÃa está llena de él, como Roma está llena de Nerón; un solo nombre podrÃa disputarle la palma de la popularidad, el de don Juan de Marana. En la ciudad han de mostrarle, Madame, la plaza donde el alcalde hizo decapitar la estatua de don Pedro. En el Alcázar, le mostrarán la habitación donde don Pedro hizo cortar la cabeza de don Federico… Esta cabeza, que su perro, dice la romanza, se llevó sujetándola por sus largos cabellos, y delante de la cual se apartaron todos los cortesanos, y el mismo rey. Unos baños árabes admirablemente conservados, y dentro de los cuales se puede soñar con ver nadar a las sultanas, son los baños de MarÃa Padilla. Los jardines están tallados en el viejo gusto francés, y Carlos III les impuso un leve aire Luis XV que choca del modo más extraño con el resto del monumento. Fuentes de rocalla, caracolas con amores, chorros de agua que se lanzan sobre flores, hierbas y guirnaldas, como los he visto en Palermo, en no sé qué jardÃn del siglo XVIII, cuyo propietario, como el yerno de Augusto, fue conducido a la posteridad por sus gustos hidráulicos. Lo mejor que hay en esos jardines son unas flores maravillosas, que florecen sin preocuparse por el placer que procuran al ser cortadas, y limones dulces que se recogen de limoneros gigantescos, que se pueden morder a dentelladas como las naranjas. Nos llevamos una carga de limones y un ramo de flores, que depositamos en casa al pasar frente al hotel de Europa.