De Paris a Cadiz
De Paris a Cadiz Por fin, abrazará de una ojeada la ciudad en forma de anfiteatro y, hundiendo una última mirada en las llanuras y valles reverdecidos que acaba de atravesar, asà como se fuerza al recuerdo a descender nuevamente en un pasado sonriente, dirá usted adiós a las fuentes saltarinas, a las sombras frescas, a las montañas pintorescas de Guipúzcoa, porque va a atravesar las arenas rojas, los brezales grises y los horizontes sin fin de Castilla la Vieja, donde el roble raquÃtico o el olmo achaparrado que encontrará por azar le hará emitir una exclamación de alegrÃa y de asombro.