El caballero de la casa roja
El caballero de la casa roja En el momento de levantarse de la mesa, avisaron a Dixmer que su notario le esperaba; se excusó con Maurice y salió.
Se trataba de la compra de una casita en la calle de la Corderie, frente al jardín del Temple. Era más la compra de un emplazamiento que de una casa lo que hacía Dixmer, porque el edificio estaba ruinoso. La negociación con el propietario no había sido larga; esa misma mañana le había visitado el notario y se habían puesto de acuerdo en 19 500 libras. El propietario debía desocupar el edificio ese mismo día, y los obreros acudirían allí al día siguiente.
Firmado el contrato, Dixmer y Morand fueron con el notario a la calle de la Corderie para ver su nueva adquisición. Era una casa de tres pisos rematada por una buhardilla. El bajo había estado alquilado a un negociante de vinos y poseía magníficos sótanos. El propietario ensalzó los sótanos, pero Dixmer y Morand no parecieron interesarse por ellos, aunque condescendieron a bajar a lo que el propietario llamaba sus subterráneos.
Los sótanos eran soberbios, y uno de ellos se extendía bajo la calle de la Corderie. Dixmer y Morand hablaron de hacer cegar los sótanos que, excelentes para un negociante de vinos, resultaban inútiles para un buen burgués que pensaba ocupar toda la casa.