El Castillo de Eppstein

El Castillo de Eppstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y el conde se llevó a Everard hasta el comedor, estancia que les pillaba de camino, y donde el doctor Blazius procedió a examinar al pretendido alumno. Pronto comprendió que sería más prudente no aventurarse demasiado con aquel joven erudito, dado que, en la mayoría de las materias, el alumno sabía más, cuando no había sido mejor instruido, que el propio maestro. En efecto, las notables aptitudes de Everard le habían permitido ir más allá, con mucho, de las superficiales enseñanzas de Rosamunda y, a pesar de su natural modestia, se divertía en llamar la atención, gracias a su seguridad, ante la clásica pedantería de que daba señales aquel doctor oficial, que era Blazius.

—¡Un milagro! —confirmó finalmente el profesor, atónito—; un milagro que el cielo os debía, señor conde, no como resarcimiento, sino como consuelo.

—Por supuesto —respondió Maximiliano—, y me he llevado tal alegría que, por un instante, he olvidado el duelo de mi alma y de mis ropas. Sí, querido Everard, habéis de saber la funesta noticia que no quería comunicaros hasta no haber comprobado que erais digno de vuestros antepasados y de vos mismo. Vuestro hermano mayor, mi pobre Alberto…

—¿Y bien? —preguntó Everard, con ansiedad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker