El Castillo de Eppstein

El Castillo de Eppstein

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Callaos, callaos —le interrumpió el conde, de nuevo pálido y agitado—; eso no puede ser. Estoy seguro, y así quiero creerlo, que no hay lazos entre la vida y la muerte. Hermano mío, hermano mío, no me devolváis al delirio, a mis terrores.

En un segundo, y tan sólo por culpa de esas palabras, aquel hombre que, un instante antes, se jactaba de poseer una razón poderosa, se había vuelto más tímido y miedoso que un niño o que una mujer. Pero hizo un esfuerzo, y alzó la cabeza.

—Y aunque así fuera —añadió—, que Dios hubiese concedido a sus elegidos la condición de ser ángeles de la guarda en este mundo, ¿habría hecho partícipes en tan maravilloso don también a los condenados? Creo, sé, Conrado, estoy seguro de que, a despecho de todo, Albina no fue digna del cielo, porque una mujer adúltera no sabría proteger a nadie, y menos aún al hijo de su pecado.

—¡Albina! —Exclamó Conrado—. ¿Cómo os atrevéis a hablar así de la piadosa, casta y noble Albina?

—¿La conocisteis? —preguntó Maximiliano.

—Me han dicho… —contestó Conrado, en un aprieto.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker