El Castillo de Eppstein
El Castillo de Eppstein III
Al cabo de un año, muchas eran las cosas que habían cambiado tanto en el castillo de Eppstein como en el mundo entero. Para entonces, Albina temblaba ante Maximiliano, mientras que el mundo entero se estremecía ante Francia.
Y eso que el furor de la Revolución aún no había alcanzado su punto álgido. El rey no había sido ejecutado, pero ya estaba encarcelado, y los rugidos de aquel trueno presagiaban ya las dimensiones de la tormenta. Como el mar cuando crece en sus orillas, el ardor de Francia llegaba ya hasta las provincias renanas, anticipo de cómo sería la inundación que iba a sufrir el continente. Tras haber tomado Maguncia, Custine se encontraba a las puertas de Fráncfort.
