El collar de la reina
El collar de la reina El día que siguió a aquel en que ocurrieron los acontecimientos relatados era el último del plazo fijado por la misma reina a los joyeros Boehmer y Bossange.
Como la carta de Su Majestad les recomendaba circunspección, esperaban que alguien, portador de las quinientas mil libras, se presentara en su establecimiento. Y en previsión de esto, prepararon entusiasmados un recibo, que resultó un documento inútil pues nadie fue a retirarlo.
La noche transcurrió muy cruel para los joyeros, que esperaron en vano la llegada de un mensajero inverosímil. Sin embargo consoláronse pensando que la reina tenía ocurrencias extraordinarias, y se veía obligada a ocultar la operación, por lo que el emisario no llegaría quizá sino después de la medianoche.
La llegada del alba del siguiente día sacó a Boehmer y a Bossange sus quiméricas esperanzas. Este último tomó una resolución y se dirigió a Versalles acompañado de su socio.
Pidió ser introducido ante la presencia de la reina. Se le respondió que ello sería imposible si no tenía carta de audiencia.
