El collar de la reina
El collar de la reina A las diez del dÃa siguiente, entraba en Versalles una carroza con las armas del señor de Breteuil. Aquellos de nuestros lectores que se acuerden de la historia de Bálsamo y de Gilberto, no habrán olvidado que el señor de Breteuil, rival y enemigo personal del señor de Rohan, buscaba desde hacÃa mucho tiempo la ocasión de inferir una herida mortal a su enemigo.
La diplomacia es a este respecto muy superior a la esgrima, ya que en este último arte, una respuesta, buena o mala, debe ser dada en un segundo, mientras que los diplomáticos tienen quince años y más, si es preciso, para dar su golpe y hacerlo mortal.
El señor de Breteuil habÃa hecho pedir, una hora antes, audiencia al rey y halló a Su Majestad vistiéndose para ir a misa.
—Tiempo soberbio —dijo Luis XVI alegre, cuando el diplomático entró en el gabinete—; un verdadero tiempo de la Asunción; ved, no hay una sola nube en el cielo.
—Me hallo desolado por tener que traer una nube a vuestra tranquilidad —respondió el ministro.
—¡Vamos! —exclamó el rey frunciendo el ceño—; ya tenemos un mal principio del dÃa. ¿Qué ocurre?