El collar de la reina

El collar de la reina

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Capítulo LXXV

A las diez del día siguiente, entraba en Versalles una carroza con las armas del señor de Breteuil. Aquellos de nuestros lectores que se acuerden de la historia de Bálsamo y de Gilberto, no habrán olvidado que el señor de Breteuil, rival y enemigo personal del señor de Rohan, buscaba desde hacía mucho tiempo la ocasión de inferir una herida mortal a su enemigo.

La diplomacia es a este respecto muy superior a la esgrima, ya que en este último arte, una respuesta, buena o mala, debe ser dada en un segundo, mientras que los diplomáticos tienen quince años y más, si es preciso, para dar su golpe y hacerlo mortal.

El señor de Breteuil había hecho pedir, una hora antes, audiencia al rey y halló a Su Majestad vistiéndose para ir a misa.

—Tiempo soberbio —dijo Luis XVI alegre, cuando el diplomático entró en el gabinete—; un verdadero tiempo de la Asunción; ved, no hay una sola nube en el cielo.

—Me hallo desolado por tener que traer una nube a vuestra tranquilidad —respondió el ministro.

—¡Vamos! —exclamó el rey frunciendo el ceño—; ya tenemos un mal principio del día. ¿Qué ocurre?


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