El collar de la reina
El collar de la reina En el momento en que el señor de Breteuil entraba en el gabinete del rey, el señor de Charny, pálido, agitado, había hecho solicitar una audiencia a la reina. Esta se estaba vistiendo; vio desde la ventana de su tocador, que daba a la terraza, a Charny, que insistía en ser introducido.
Antes de que hubiese terminado la petición, la reina dio orden de que se le hiciese pasar.
Charny entró, estrechó temblando la mano que la soberana le tendía y con voz ahogada, dijo:
—¡Ah, señora, qué desgracia!
—¿Qué os ocurre? —exclamó la reina palideciendo al ver que su amigo estaba sin color en el rostro.
—Señora, ¿sabéis de lo que acabo de enterarme? ¿Sabéis lo que se dice? ¿Sabéis de lo que el rey debe ya estar enterado o lo estará mañana?
—Decídmelo todo, soy fuerte —exclamó apoyando una mano sobre el corazón.
—Se dice, señora, que habéis comprado un collar a Boehmer y Bossange.
—Lo he devuelto —dijo ella con viveza.
