El collar de la reina
El collar de la reina Apenas habÃa aparecido el rey en el umbral del gabinete cuando la reina le interpeló con una volubilidad extraordinaria:
—Sire, aquà tenemos al señor de Rohan, que dice cosas increÃbles; os ruego le ordenéis que las repita.
Ante estas inesperadas palabras, el cardenal palideció. La situación era tan extraña que el prelado cesó de comprender lo que ocurrÃa. ¿Él, pretendido amante, podÃa repetir a su rey; podÃa declarar al marido, él, súbdito respetuoso, todo cuanto creÃa tener derecho a decir a la reina y a la mujer?
Pero el rey, volviéndose hacia el cardenal, absorto en sus reflexiones, dijo:
—A propósito de un cierto collar, ¿no es verdad, caballero? ¿Es cierto que tenéis que decirme cosas increÃbles y yo tengo que escuchar cosas increÃbles también? Hablad entonces, os escucho.
El señor de Rohan tomó inmediatamente su decisión; de las dos dificultades escogerÃa la menor; de los dos ataques sufrirÃa el más honorable para el rey y para la reina y si imprudentemente se le lanzaba al segundo peligro, saldrÃa de él como un hombre intrépido y como un caballero.
—A propósito del collar, sÃ, sire —murmuró.
