El collar de la reina

El collar de la reina

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Capítulo LXXIX

Apenas el rey hubo entrado en sus habitaciones, y firmó la orden de conducir al señor de Rohan a la Bastilla, apareció el señor conde de Provenza haciendo tantos gestos al señor de Breteuil que este, a pesar de su respeto y buena voluntad, no pudo comprender nada.

Los tales gestos no iban dirigidos al guardasellos: el príncipe los multiplicaba con el fin de atraer la atención del rey, que miraba a un espejo en tanto que redactaba la orden. Estos gestos consiguieron el fin que se proponían, pues el rey terminó notándolos y después de haber despedido al señor de Breteuil, le dijo a su hermano:

—¿Por qué le hacíais señales a Breteuil?

—¡Oh, sire!…

—Esos gestos tan vivos, este aire preocupado, significan algo.

—Sin duda, pero…

—Sois libre de no decir nada, hermano mío —dijo el rey algo molesto.

—Sire, es que acabo de enterarme del arresto del señor cardenal de Rohan.

—Pues bien, hermano mío, ¿por qué esta noticia puede causar en vos tal agitación? ¿Hago mal acaso en castigar incluso a los poderosos?

—¿Mal? No, hermano mío. No hacéis mal. No es esto lo que quiero deciros.


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