El collar de la reina
El collar de la reina Apenas el rey hubo entrado en sus habitaciones, y firmó la orden de conducir al señor de Rohan a la Bastilla, apareció el señor conde de Provenza haciendo tantos gestos al señor de Breteuil que este, a pesar de su respeto y buena voluntad, no pudo comprender nada.
Los tales gestos no iban dirigidos al guardasellos: el prÃncipe los multiplicaba con el fin de atraer la atención del rey, que miraba a un espejo en tanto que redactaba la orden. Estos gestos consiguieron el fin que se proponÃan, pues el rey terminó notándolos y después de haber despedido al señor de Breteuil, le dijo a su hermano:
—¿Por qué le hacÃais señales a Breteuil?
—¡Oh, sire!…
—Esos gestos tan vivos, este aire preocupado, significan algo.
—Sin duda, pero…
—Sois libre de no decir nada, hermano mÃo —dijo el rey algo molesto.
—Sire, es que acabo de enterarme del arresto del señor cardenal de Rohan.
—Pues bien, hermano mÃo, ¿por qué esta noticia puede causar en vos tal agitación? ¿Hago mal acaso en castigar incluso a los poderosos?
—¿Mal? No, hermano mÃo. No hacéis mal. No es esto lo que quiero deciros.
