El collar de la reina
El collar de la reina El salón del palacio estaba situado en el primer cuerpo de la casa, en el piso bajo, y a la izquierda el tocador, con una salida hacia la escalera que conducÃa a las habitaciones de Andrea.
A la derecha, habÃa otro salón más reducido por el cual se pasaba al grande.
Felipe llegó primero al tocador donde le esperaba su hermana.
Tan pronto como hubo abierto la doble puerta del tocador, Andrea se echó a su cuello y le abrazó con una alegrÃa a la que no estaba acostumbrado, desde hacÃa mucho tiempo, este triste amante, este desgraciado hermano.
—¡Bondad del cielo! ¿Qué te pasa? —preguntó el joven a Andrea.
—¡Algo muy feliz, muy feliz, hermano mÃo!
—¿Y vuelves para anunciármelo?
—¡Vuelvo para siempre! —exclamó la joven transportada por la dicha.
—Más bajo, hermana mÃa, más bajo —rogó Felipe—. Hay alguien en el salón de al lado, alguien que puede oÃrte.
—¿Alguien? —inquirió Andrea—. ¿Quién?
—Escucha —contestó Felipe.
