El collar de la reina
El collar de la reina Después de largos debates, había llegado el día en que iba a dictarse la sentencia del tribunal del parlamento por las conclusiones del procurador general.
Los acusados, excepción hecha del señor de Rohan, habían sido trasladados a la Conserjería, para que estuvieran más cerca de la sala de audiencias, que se abría cada mañana a las siete.
Ante los jueces, presididos por Aligre, la actitud de aquellos continuó siendo la misma que durante la instrucción.
Olive, franca y tímida; Cagliostro, tranquilo, superior.
Villete, avergonzado, con la cabeza baja y llorando.
Juana, insolente, con la mirada centelleante, siempre amenazadora.
El cardenal, sencillo, pensativo y abúlico.
Juana se había acomodado en seguida a las costumbres de la Conserjería cautivando con sus mejores halagos y con sus pequeños secretos al conserje del palacio, a su mujer y a su hijo.
De esta manera consiguió hacer, su vida más dulce y las comunicaciones más libres.
Los debates no enseñaron nada nuevo a Francia. Continuaba tratándose del collar robado con igual audacia.
