El collar de la reina
El collar de la reina Durante este tiempo, el hombre que habÃa señalado a la presunta reina a las miradas de los asistentes tocó el hombro de uno de los espectadores de mirada ávida y de humilde vestido.
—¿No creéis, vos, que sois periodista, que esto serÃa un tema interesante para un artÃculo?
—¿Cómo? —preguntó el periodista.
—¿Queréis el sumario?
—Ya lo creo.
—Helo aquÃ: «Sobre el peligro que existe de nacer vasallo en un paÃs en el que el rey está gobernado por la reina y cuya reina siente predilección por las crisis».
El periodista se echó a reÃr.
—¿Y la Bastilla? —preguntó.
—¿Es que no existen los anagramas, con cuya ayuda se evitan los censores reales? Yo os pregunto si un censor os prohibirÃa contar la historia del prÃncipe Silou y de la princesa Etteniotna, soberana de Narfec. ¿Qué decÃs?
—¡Oh, sÃ! —exclamó el periodista, entusiasmado con la idea tan admirable que se le proporcionaba.
—Y os ruego que lo tituléis de esta forma: «Las crisis de la princesa Etteniotna en casa del faquir Remsem». Veréis cómo ese capÃtulo conseguirá un caluroso éxito en los salones.